Flexibilitzar el mercat laboral pot ser just (i eficient)


cola_paroLa forta destrucció d’ocupació experimentada al mercat laboral durant els darrers mesos ha encès de nou un debat recorrent relatiu a la cerca d’una major flexibilització del mercat laboral, i de manera especial, la reducció dels costos d’acomiadament. Diversos organismes, com el Fons Monetari Internacional o el Banc d’Espanya, han apuntat la rigidesa del mercat laboral espanyol com una clara amenaça per a l’economia espanyola. Malgrat això, la posició del govern i dels sindicats és radicalment contrària a mesures d’aquest tipus, tal i com s’ha palesat recentment.

Partim d’una constatació: el mercat laboral espanyol és un dels més rígids del món. Així ho posa de manifest, any rere any l’informe Doing Business. A l’edició de l’any 2009 Espanya se situava en el lloc 160 d’una llista de 181 països, envoltat de països del que pot anomenar-se el Tercer Món. Aquestes rigideses es manifesten en molts aspectes, però sobretot en els costos d’acomiadament.

Aquesta rigidesa ha tingut tradicionalment un preu: unes taxes de temporalitat desproporcionades per l’activitat econòmica. L’exemple més punyent d’aquesta darrera la trobem a les pròpies administracions públiques. En aquestes conviuen gairebé a parts iguals funcionaris amb personal laboral que en alguns casos encadena més d’una dècada de contractes d’obra i servei, i generalment amb pitjors condicions laborals.

Però la rigidesa del mercat laboral també té un altre preu. En els moments de crisi, com el que estem vivint, són els treballadors temporals els primers que van al carrer, encara que siguin els més productius o els qui tenen una menor càrrega salarial per a l’empresa. Però els baixos costos d’acomiadament, que en alguns casos poden arribar a ser nuls, fan que siguin els més fàcils (o els únics) que poden ser acomiadats d’una manera poc traumàtica per a l’empresa.

Enrocar-se defensant que els costos d’acomiadament no s’abaixen constitueix un acte d’egoisme, ja que estan condemnant a la pobresa i a la precarietat laboral una important fracció del mercat laboral. Els defensors de la mesura poden al•legar que si es flexibilitzés el mercat laboral probablement serien acomiadades les persones que tenen una pitjor empleabilitat futura, generalment persones ja d’una certa edat, i que els perjudicats per la no flexibilització són generalment persones joves sense càrregues i que en un futur tindran la seva oportunitat. Però malauradament aquest és un discurs de principis dels noranta. Actualment comença a haver força gent que porta més d’una dècada i que ha anat encadenant treballs-escombraria, malgrat les seves aptituds i habilitats.

Però a més d’egoisme, és també un mal favor per a l’economia, ja que pot produir una mala assignació de recursos, deixant al carrer a persones molt productives i mantenint a l’empresa a persones que aporten poc valor, però que són difícils d’acomiadar. En un moment de bonança econòmica, qualsevol empresa i qualsevol país es pot permetre tot tipus de males assignacions. En moments de crisi, una mala assignació de recursos pot condemnar a les empreses al tancament. I als països a una profunda recessió de la qual no aixequin el cap…cola_paroLa fuerte destrucción de empleo experimentada en el mercado laboral durante los últimos meses ha encendido de nuevo un debate recurrente relativo a la búsqueda de una mayor flexibilización del mercado laboral, y de manera especial, la reducción de los costes de despido. Diversos organismos, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco de España, han apuntado la rigidez del mercado laboral español como una clara amenaza para la economía española. Sin embargo, la posición del gobierno y los sindicatos es radicalmente contraria a medidas de este tipo, tal y como se ha manifestado recientemente.

Partimos de una constatación: el mercado laboral español es uno de los más rígidos del mundo. Así lo pone de manifiesto, año tras año el informe Doing Business. En la edición del año 2008 España se situaba en el lugar 160 de una lista de 181 países, rodeado de países de lo que puede llamarse el Tercer Mundo. Estas rigideces se manifiestan en muchos aspectos, pero sobre todo en los costes de despido.

Esta rigidez ha tenido tradicionalmente un precio: unas tasas de temporalidad desproporcionadas para la actividad económica. El ejemplo más lacerante de esta última la encontramos en las propias administraciones públicas. En ellas conviven casi a partes iguales funcionarios con personal laboral que en algunos casos encadena más de una década de contratos de obra y servicio, y generalmente con peores condiciones laborales.

Pero la rigidez del mercado laboral también tiene otro precio. En los momentos de crisis, como el que estamos viviendo, son los trabajadores temporales los primeros que en la calle, aunque sean los más productivos o los que tienen una menor carga salarial para la empresa. Pero los bajos costes de despido, que en algunos casos pueden llegar a ser nulos, hacen que sean los más fáciles (o los únicos) que pueden ser despedidos de una manera poco traumática para la empresa.

Enrocarse defendiendo que los costes de despido no disminuyan constituye de facto un acto de egoísmo, ya que están condenando a la pobreza ya la precariedad laboral a una importante fracción del mercado laboral. Los defensores de la medida pueden alegar que si se flexibiliza el mercado laboral probablemente los afectados sean aquellas personas que tienen una peor empleabilidad futura, generalmente personas ya de cierta edad, y que los perjudicados por la no flexibilización son generalmente personas jóvenes sin cargas y que en un futuro tendrán su oportunidad. Pero desgraciadamente este es un discurso más propio de principios de los noventa. Actualmente empiezan a ser muchos los que llevan más de una década encadenando los denominados trabajos-basura, a pesar de sus aptitudes y habilidades.

Pero además de egoísmo, es también un flaco favor para la economía, ya que puede producir una mala asignación de recursos, dejando en la calle a personas muy productivas y manteniendo la empresa a personas que aportan escaso valor, pero que son de difícil despido. En un momento de bonanza económica, cualquier empresa y cualquier país puede permitirse todo tipo de malas asignaciones. En momentos de crisis, una mala asignación de recursos puede condenar a las empresas al cierre. Y a los países a una profunda recesión de la que no levanten la cabeza …

8 thoughts on “Flexibilitzar el mercat laboral pot ser just (i eficient)

  1. yo creo que no se puede hablar de falta de flexibilidad cuando españa ha sido el país que más empleo ha creado y ha destruido en la última década.
    si ahora está aumentando tanto el desempleo es porque el sector de la construcción, que ocupaba a mucha población, se ha parado en seco, y ha arrastrado otros muchos sectores, bien directamente (empresas de muebles, de reformas, de decración…) o indirectamente (a través de la bajada del consumo). es paradójico que precisamente aquel sector, donde la flexibilidad laboral era importante (subcontratas, empleos temporales..) sea el que más empleo destruye

  2. Albert,

    Precisamente lo que comentas es un síntoma de falta de flexibilidad, ya que en la práctica existen dos mercados laborales. El primero, compuesto por funcionarios y personal con contratos fijos y cierta antiguedad, se mantiene inalterable independientemente de las condiciones económicas. El segundo, compuesto con personas con contratos temporales, de obra, ETTs y falsos autónomos, es el que varía en función de la economía. ¿Es justo este sistema? No lo sería si el segundo colectivo percibiera un salario mayor que el primero por el mismo trabajo, que les compensará del mayor riesgo de quedarse desempleados. En cambio, lo que ocurre es justamente lo contrario: tienen menos derechos y perciben salarios mucho menores.

  3. en parte te doy la razón, pero yo creo que la propuesta del señor ordóñez es exagerada. suprimir la indemnización supone desproteger a todos los trabajadores, es un poco “igualar a la baja”. me parece muy arriegado sobre todo en estos tiempos de alto paro, porque no creo los trabajadores vayan a encontrar más empleo
    por otra parte, hay que ser cuidadoso con las cifras manejadas: no es cierto que la indemnización sea siempre de 45 días. en el caso de ERE, es mucho menor, de tan sólo 20, y si es una pime, entonces el 40% lo paga la SS. ¿por queé le cntrato con 33 días ha tenido tan poca aceptación?
    e insisto en lo dicho antes: no es riguroso relacionar el aumento del paro actual con la indemnización, ¿cómo se explica que con esa misma regulación se haya creado tanta ocupación?. ¿no es evidente que hay otros factores que explican el desplome de nuestra economía y de nuestro empleo?
    por último sobre el mercado laboral, yo croe que si queremos un mercado flexible, y una mínima cohesión social, hacen falta dos elementos más: una inspección laboral rigurosa, que sancione los abusos con la temporalidad (evidentes), y unas prestaciones sociales generosas que hagan de “colchón” en los momentos duros, como el actual y, la verdad, quienes defienden la flexibilidad laboral no mencionan nada de ello, más bien lo contrario. no se vale plantear una medida de forma parcial!
    por otra parte, en lo referente a la asignación de recursos, creo que la “orgía” inmobilaria es el mejor ejemplo de desplifarro, sin que el mercado laboral haya tenido parte en ello.
    teniendo en cuenta que las empresas han utilizado ampliamente (yo creo que en abuso) los contratos temporales, cabría suponer que con los costes de indemnización que se han ahorrado, habrían mejorado su eficiencia, y ello no ha sucedido,al contrario
    perdona la extensión!

  4. Hola de nuevo Albert,

    Ciertamente tienes buena parte de razón en tus argumentos. Se trata del clásico problema de si fue primero el huevo o la gallina. Mi planteamiento es que el mercado laboral español, tal y como está estructurado, es muy injusto entre colectivos, porque crea dos submercados laborales. Por razones diversas, a todo el mundo le ha interesado que esto sucediera en lugar de rebajar los costes de despido, entre otras cosas porque afectaba a dos colectivos con menor potencial de manifestarse: los jóvenes y los inmigrantes. Los primeros contaban con el colchón que suponían sus progenitores, en tanto que los segundos por definición aceptaban cualquier cosa. Pero una cosa es lo que haya pasado, y otra muy distinta, que esta situación sea justa.

    Éste no es un caso único de España. En Japón, donde los contratos eran casi de por vida, se ha creado una clase de personas que pasados los 30 aún no tienen un empleo estable. Es la denominada “generación perdida”.

    Y en cuanto a la orgía immobiliaria te doy el 100% de razón que se trata de un ejemplo claro de mala asignación de recursos. ¡Cuántos proyectos empresariales no pudieron emprenderse porque los bancos preferían dar hipotecas antes que créditos a las empresas!

  5. Els costos d’acomiadament no desincentiven la contractació, com a molt poden desincentivar els canvis de personal. Que això pot provocar una ineficència a les empreses? És possible. Pot ser que una persona “molt productiva” és quedi al carrer, ja que a l’empresari no li és rendible econòmicament acomiadar-ne una altra de “menys productiva”. Però, això voldria dir que la diferència de productivitats entre “menys productiu” i el “molt productiu” acumulada i projectada en el futur és menor que els costos d’acomiadament. Per tant seria una ineficència ínfima.

  6. Hola “elPrimo”

    Els costos d’acomiadament sí desincentiven les contractacions, especialment pel que fa a autònoms o petits empresaris. L’única alternativa que els quedava per evitar problemes era l’abús de la contractació temporal o via ETT, unes figures laborals l’objectiu de les quals era atendre necessitats puntuals, i no estructurals de l’empresa.

    I un tema que cal que tinguis en compte és que hi ha empreses que no es poden permetre, financerament parlant, acomiadar un traballador antic per molt poc productiu que sigui. En un context de restricció creditícia com la que ens trobem acomiadar als nous és l’única mesura factible, malgrat sigui la pitjor per al desenvolupament futur de l’empresa.

  7. Coincido que los costes de los despidos desincentivan las contrataciones. También en que, sin duda, hay que flexibilizar el despido, pero también la contratación, las normas sobre vacaciones, los horarios, las jornadas laborables, las normas sobre el uso personal de las tecnologías en el lugar del trabajo, etc.

    45 días por año trabajado, según que sueldos y según que antigüedades, puede ser mucho dinero. Me consta que hay proyectos por ahí promoviendo que se mantenga así, pero con unos topes. Puede ser una buena solución si de esta manera no se perjudica a quienes no tienen tanta antigüedad ni tanto salario.

  8. torno a insistir (ara en català): les indemnitzacions per acomiadament no són les causa de l’actual destrucció d’ ocupació, això em sembla més que evident. per aquesta raó trobo molt malament “arrimar el ascua a la sardina”, i dir que l’ actual augment de l’atur exigeix la reforma de l’acomiadament.
    d’ altra banda, com és que els treballadors que no tenen contracte fix gaudeixen d’ unes condicions pitjors?. doncs segurament perquè precisament per no tenir indemnitzacio, tenen menys capacitat de negociació…”o lo tomas o lo dejas”. això és eficient o simplement més barat?. a la construcció s’ ha treballat amb tècniques artesanals perquè els salaris eren molt baixos
    d’ altra banda, si es parla de “flexiseguretat”, això suposa unes despeses de formació i de prestacions socials i d’ inspecció laboral molt elevades, i qui les pagarà?. els qui demanen una reducció d’ impostos a les empreses i una rebaixa de les quotes patronals a la Seguretat social?

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