Los seguros son el tÍ­pico ejemplo de que a menudo los justos pagan por los pecadores. Como las primas de los seguros se calculan en función de la probabilidad de siniestro, y ésta la mayorí­a de veces no puede individualizarse, es muy probable que personas que sigan conductas de riesgo (en la carretera pero también en salud) terminen viéndose subvencionadas por el resto de asegurados. Aún peor, el hecho de no poder observarse el grado de riesgo del tomador de la póliza puede inducir a muchos a asumir niveles de riesgo superiores a los que tomarí­an si su prima reflejara el nivel de riesgo que adquieren.

Un par de décadas atrás las compñí­as de seguros automovilí­sticos establecieron sistemas de bonificación para aquellos conductores sin siniestros, y de penalización para aquellos que iban acumulando siniestros. El bonus-malus se ha ido consolidando desde entonces en el sector del automóvil y actualmente ya son mayorí­a los seguros que emplean este sistema de bonificación.

¿Es extensible este sistema de bonificación a otros sectores, como las pólizas de salud? Puede. De hecho, ya se está trabajando en ello en países como Suráfrica o el Reino Unido. El pasado lunes un artí­culo de Financial Times hablaba sobre el sistema de bonificación en las pólizas de salud introducido por Pru Health, que premia conductas saludables como andar regularmente o acudir al gimnasio. Los asegurados que se comprometen a una serie de objetivos vinculados con la realización de ejercicio fí­sico o seguir una dieta equilibrada, pueden ahorrarse un porcentaje importante de la póliza. La racionalidad del sistema es sencilla: aquellos que siguen unos hábitos saludables visitarán el médico o el hospital con menor probabilidad, lo que disminuirá el gasto médico.

El problema que se plantea en este tipo de iniciativas es la monitorización. Los análisis médicos para verificar los efectos de adoptar hábitos saludables (como un cambio de dieta o hacer ejercicio con mayor regularidad) pueden ser tanto o más costosos que la situación anterior. Y sistemas de verificación más simples, como controlar el número de asistencias al gimnasio o el número de kilómetros andados mediante un podómetro, pueden dar lugar a manipulaciones o conductas oportunistas.

En cualquier caso, es evidente que las nuevas tecnologías facilitarán la tarea de asignar primas más justas a los asegurados, en función de sus conductas de riesgo, con los condicionantes éticos que ello también puede suponer.

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